El Paral.lel

Miquel, 15 años en la calle.

Mientras me dirijo a mi madriguera de la montaña de Montjüic, algunas madrugadas me invade un sentimiento de ternura infinita por aquel chico de 17 años que fui. Es cuando, casi al amanecer, atravieso el solitario paral.lel al regresar de la villa olímpica después de haber intentado vender acuarelas de toros o de flamencas a los turistas que disfrutan de la noche de Barcelona en el casino, las discotecas o los lujosos restaurantes rozando al mar.
Recuerdo aquellos años, cuando yo y algunos amigos del barrio remoloneábamos alrededor del teatro Apolo, el Molino, Ambos Mundos, el Arnau y salas de espectáculos similares, esperando ser contratados como ‘claca’ para algún teatro, y así poder entrar gratuitamente.
Éramos poco mas que chiquillos los que, muy ufanos, siguiendo al hombre que nos había contratado, pasábamos al interior del local ante la absoluta indiferencia del portero que ignoraba olímpicamente nuestra escandalosa minoría de edad…

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