El arte está para disfrutarlo, vaya eso por delante. La búsqueda de utilidad en las obras de arte siempre ha sido un esfuerzo absurdo e ineficaz, pues su escenario principal es el del placer. Aunque cómo dijo Charles Eames: ¿Quién dijo que el placer no es útil?
Hecha esta aclaración, y si bien cómo digo, el arte no nos debe nada más allá de un deleite estético, también es cierto que podemos sacarle mucho más jugo. No me estoy refiriendo a usar un lienzo de Rembrandt como tabla de planchar como sugirió Duchamp (aunque esto también sería interesante), sino a las lecciones que podemos aprender de las obras de arte, o mejor dicho, de sus creadores.
Los artistas suelen tener una forma diferente de ver y relacionarse con el mundo de la que podemos extraer valiosas lecciones que podemos aplicar a nuestro propio campo profesional, sea este el que sea…